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LA DENOMINACIÓN DE ORIGEN

Roquefort, Champán, Jerez, Pisco, Rioja, Tequila, son algunos nombres que indican el origen de un producto alimenticio y que son un ejemplo de lo que se conoce como denominación de origen.

Pero la denominación de origen significa mucho más que todo eso, pues el producto que lleva esa denominación de origen arrastra consigo una tradición y una cultura, en muchos casos, centenaria.

En el caso de los vinos, es un poco más complejo, puesto que, al aspecto cultural que le han agregado otros elementos que vienen a confundir al comprador, cuando adquiere un vino que desconoce.

Me refiero a que, en primer lugar, el consumidor puede tener una seguridad bastante acertada cuando compra un vino con denominación de origen en Europa, pero no lo es si lo compra en América.

En Europa las denominaciones de origen tienen regulaciones estrictas que favorecen a sus consumidores, al saber que los vinos que consumen tienen una elaboración regulada.

En América y Australia, esto no sucede pues al no tener regulaciones cada uno puede tomar las decisiones que necesite para poner su producto en el mercado. Esto no quiere decir que no haya productores de vino responsables y cuidadosos en sus procesos de elaboración, pero lo que no cabe la menor duda es que el mercado manda.

El origen de las uvas da sabor a su clase y de ellas sale el vino. De ellos salen tres clases, los vinos del año y de venta rápida, los vinos de guarda, los reserva y los gran reserva. Los primeros se envasan y van al mercado, pero los tres últimos van a barricas de roble donde, según su clase, pasan un cierto tiempo y luego se embotellan con tapón de corcho natural, por otro tiempo. Estos tiempos, en Europa, son generalmente regulados por la denominación de origen, pero no así en los países americanos ni Australia.

Por ejemplo, la denominación de origen de La Rioja, España, exige que un vino tinto, Gran Reserva, tenga al menos 2 años en barrica de roble y 3 años en botella, de lo contrario no podrá poner en su etiqueta que es un Gran Reserva. 

Aquí surge la pregunta, ¿por qué se necesitan 3 años en botella?

Simplemente porque el vino es un producto vivo que tiene un proceso de maduración y este, precisamente, se logra en la botella con un tapón de corcho que le permita respirar las ínfimas cantidades de oxígeno necesarias para afinar sus aromas y sabores.

Este proceso no se puede llevar a cabo con tapones de rosca o de plástico, ya que, al no permitir el paso del aire, el vino queda sin vida. Este tipo de cierre no tiene inconveniente en ser utilizado en los vinos de consumo rápido ya que estos no pasan por los procesos de maduración y envejecimiento.

Esto ha causado la confusión de que el tapón de corcho puede ser sustituido por cualquiera de plástico. Nada más lejos de la verdad pues sí es cierto lo que claman algunos fabricantes de estos tapones, ¿por qué siguen tratando de fabricar algo que ya existe, es natural y ecológico? ….

2 Comentarios

  • 14 agosto, 2021
    reply
    Yamil

    Por supuesto, el paso del oxígeno para el proceso de maduración en un buen vino es esencial. No existe otro método que no sea el corcho natural para lograr aquello; lo demás, para vinos baratos y de consumo rápido. Salud!

  • 17 agosto, 2021
    reply
    José Ángel Guillén Prieto

    No hay nada como descorchar 7n buen vino… El sonido, el aroma y a «bevir».

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